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Tecnologías Información, Aprendizaje y Participación

¿Está el libro, en su soporte de papel tradicional, abocado a la extinción?

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Flor (Blackstonia perfoliata)

Flor (Blackstonia perfoliata) (Photo credit: Joaquim F. P.)

Hace un par de semanas terminé el MOOC de MiriadaX “Educación Digital del Futuro”, de la Universidad Carlos III. En el primer módulo, centrado en fenómeno de la interacción, para estudiar el papel que la tecnología digital puede tener en la educación, el profesor Antonio Rodriguez de las Heras (¡que lujo escucharle!) nos planteaba conceptos como  “interacción”, “espacio sin lugares”, “granularidad”,“fragmentos vs. piezas”, “plegado”, “oralidad de la digitalidad”, “el libro como cápsula”, “caja de piezas” y nos planteaba reflexionar sobre el uso del libro en general y su uso en la educación en particular,a causa de las transformaciones que se están produciendo en la forma de transmitir el conocimiento.

Os dejo mis reflexiones al respecto, y una simpática anécdota al final…

En mi opinión, el libro, en su soporte de papel tradicional, nunca va a desaparecer. Otra cosa distinta es que coexistan distintos formatos que elijamos según el contenido y el uso y las circunstancias en que accedamos a él.

Hemos hablado del libro como un contenedor de información, como un empaquetamiento de información que tiene que soportar bien el paso del tiempo y del espacio y que, por tanto, no facilita la interacción necesaria para establecer un auténtico proceso de comunicación. También hemos hablado de la sublimación del papel del libro en nuestra cultura. Para algunas personas leer es una necesidad básica, como podría ser comer. Necesitamos comer para vivir, pero no siempre podemos ni queremos comer las mismas cosas. A veces, nos apetece algo sencillo, sin pretensiones, un bocadillo de mortadela. Otras veces, nos damos el gusto de tomar algo exquisito, un buen asado. Para el bocadillo no necesitamos menaje, pero para el asado ponemos una buena mesa, buen mantel, buenos cubiertos. Todo ello se suma al placer de la comida, enriqueciendo la experiencia.  El bocadillo, nos puede dar también total satisfacción por poder tomarlo en el parque, sentados en la hierba, con un par de amigos y disfrutando del primer sol de la primavera, aunque sea en la breve pausa de la comida.

La gran ventaja de poder acceder a un libro en formato digital, por ejemplo en un eBook, está en permitirnos acceder a ese contenido en cualquier momento, en cualquier lugar, disponiendo en todo momento de nuestra completa biblioteca en un pequeño dispositivo que podemos llevar siempre con nosotros. Su portabilidad, su ergonomía, su capacidad de permitirnos acceder cómodamente a la información que contiene, nos permiten disfrutar del sencillo pero apetecible bocadillo en el parque. Nos cubre una necesidad.

Sin embargo, a veces necesitamos algo más. Algunos libros, son como pequeñas obras de arte. Además de ser contenedores de información, pueden transmitirnos emociones, hipnotizarnos. ¿Podemos decir que, en este caso, no se produce una “comunicación” del autor con el lector, más allá de una mera transmisión de información? Pueden ser los hermosos libros infantiles ilustrados, que son capaces de encerrar magia y misterio; libros de arte, de poesía… Son libros que aparte de la “información” que contienen, plástica, artística, rítmica, son capaces de despertar determinados sentimientos o emociones en el lector. Es cierto también, que para poder producir este efecto, no se pueden leer de forma apresurada, en cualquier parte. Precisan de un determinado estado anímico, de una predisposición del lector para “conectar” de una manera más íntima. Precisan de una “mesa bien puesta”. Nunca podrán ser sustituidos por el formato digital. Pero tampoco es necesario.

Por tanto, cuando necesitamos acceder de forma práctica y cómoda a determinada información, y los formatos digitales nos la facilitan, bienvenidos sean. Cuando nos tocan el lado emocional… es otra cosa. No quiero tener en mi casa todos los libros que ha leído o leeré. Es imposible. Pero hay determinados libros que no pueden faltar en mis estanterías.

En la dimensión educativa esta distinción sigue siendo válida, pero entran en juego otros aspectos. Nuestros hijos disfrutarán pasando las páginas de sus libros ilustrados, disfrutarán del olor de un libro nuevo, de la suavidad del papel… pero es cierto que en el mundo de hoy necesitan adquirir una serie de destrezas necesarias para identificar qué información necesitan, dónde localizarla (identificar fuentes y considerar su grado de fiabilidad), y cómo utilizarla (qué herramientas son necesarias) para conseguir sus objetivos. Los libros de texto tradicionales se quedan cortos. Los niños están rodeados de una serie de potentes estímulos que compiten por su atención. Es preciso aprovechar la potencia de estos estímulos que están más enfocados a facetas de entretenimiento para dar un carácter lúdico a los contenidos educativos que los haga mucho más atractivos, para aprovechar el tirón de esa capacidad de interacción que tanto les engancha con el objeto de estimular su propia elaboración de conocimiento, combinando creativamente las múltiples “piezas” que ponemos a su disposición. Hay que redefinir los contenidos de los currícula escolares atendiendo a esta nueva forma de acceder al conocimiento, de generar conocimiento, ya que es la única forma sobrevivir en esta realidad digital en la que estamos inmersos. Los nuevos contenidos deberían ser esas piezas básicas, que los niños deberán aprender a combinar usando las distintas herramientas que los profesores les ofrezcan. El libro de texto, en formato digital, puede ser una más de estas herramientas, pero NO la única.

Lo prometido, la anécdota:

Un día de primavera en el campo, mi hijo de siete años me ofrece un pequeño ramo de florecillas silvestres. Le doy las gracias y le digo:

“Qué pena que se marchiten tan pronto”.

Él me contesta:

“Ponlas a secar en un libro, mamá”

“Pero si aquí no tengo ninguno”, le digo yo.

“¿Cómo que no?”, contesta. Puedes meterlas en tu Kindle 🙂

Creo que Amazon todavía no ha pensado en incorporar la función de “prensa de flores” en los Kindle, pero todo será cuestión de proponérselo.

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